VIOLENCIA EN LA ESCUELA

Chau bullying

El acoso escolar preocupa a padres y docentes. Los expertos explican por qué es un problema serio que los adultos no deben ignorar.
Por Dolores Gil | Para LA NACION

A mediados de enero, la imagen de una niña rubia de ojos tristes sosteniendo un cartel donde confesaba que había hecho bullying recorrió el mundo y se viralizó rápidamente. Las repercusiones no tardaron en llegar: algunos opinaron que Cara Schneider, su madre, estaba haciendo bullying con su propia hija; otros, que el castigo era adecuado. Pero lo cierto es que este caso volvió a encender el debate sobre un fenómeno que cada vez es más grave y que los adultos no saben cómo resolver. Según un estudio reciente de Plan International y Unicef, se estima que entre un 50% y un 70% de los estudiantes latinoamericanos han sido testigos de bullying o lo han sufrido. Y si bien ocurre tanto en escuelas privadas como en públicas, concluyeron que “las formas más sofisticadas de acoso, humillación y exclusión predominan en las escuelas privadas”. Entre los pretextos más comunes para excluir y acosar a miembros de un grupo, se encuentran “percepciones sobre discapacidad, apariencia física, orientación sexual y origen étnico”.

Para hablar de bullying, según la licenciada María Zysman, psicopedagoga y fundadora de Libres de Bullying, tiene que haber “una situación estructurada de abuso de poder, es decir, un chico que lo permita, uno que lo haga, y un ambiente que lo favorezca y lo sostenga”. Este fenómeno, al que no se le encontró todavía una traducción exacta en castellano, precisa de definiciones claras: no toda manifestación conflictiva en un ámbito escolar es bullying, que incluye amenazas, burlas, golpes, robos y aislamiento. Para la licenciada Paula Sansalone, psicóloga y miembro del Equipo Anti Bullying Argentina, “no se trata de un acosador y un acosado, sino que el bullying es una dinámica grupal en presencia de testigos, y por lo tanto no puede ser comparado a un conflicto entre pares”.

Hay varias teorías para explicar por qué el bullying es cada vez más común. “El lenguaje se redujo ampliamente a partir de la posibilidad de mostrar y mostrarse que brindan las redes sociales. Cuantas más imágenes, menos palabras. Hay más crueldad, más consumo, más insatisfacción. Estamos ante una generación de padres que está desorientada y no sabe cómo frenar los deseos insatisfechos de sus hijos”, explica Zysman. Para la Lic. María Luján Díaz, psicóloga del Equipo Diocesano de Niñez y Adolescencia (EDNA), “hay mucha ausencia, chicos que no tienen referentes, que están solos y se valen por sí mismos en un mundo en el que todo está permitido. Responde a una crisis familiar y escolar, que ha modificado los roles en la crianza de los niños”. Por su parte, Sansalone agrega que en la sociedad “hay cada vez más impunidad, más injusticia, más intolerancia”, que dificultan la relación con el otro.

Tema de chicos y de grandes

Uno de los mitos más comunes es pensar que es un tema de chicos y que los adultos no deben intervenir. Zysman aclara: “El bullying tiene que ver con el silencio, con la complicidad, la diversión y el aburrimiento, pero fundamentalmente, con un espacio abierto desde el adulto, que a su vez se maneja prepoteando y maltratando a los demás o a sus hijos, que aprenden esta forma de vincularse”.

Para saber si un chico está siendo hostigado hay que observar si se retrae, cambia los patrones de alimentación o de sueño, pone excusas para no ir al colegio (si dice que le duele la cabeza o la panza), si está irritado o muy sensible o pierde la plata del almuerzo (porque se la roban). “Si el chico lo puede contar, la situación se empieza a desarmar”, explica Zysman. El problema es que la mayoría de las veces no lo hace, y así aumenta el acoso.

La escuela, en este sentido, tiene un rol clave. Muchos padres se quejan de que no son tomados en cuenta, y de que docentes y directivos no tienen herramientas para hacer frente a este fenómeno. La Dra. Luciana Cataldi, abogada y directora de Mediación y Violencia, afirma: “Esperar que el niño hostigado vaya a pedir ayuda a un adulto es no saber nada del tema y revictimiza aún más al niño. Los niños y adolescentes que sufren hostigamiento padecen una indefensión aprendida, que puede desembocar en ansiedad y depresión”. Para ayudarlos, tanto desde la casa como desde el colegio, hay que “elevar su autoestima sin victimizarlo y sin humillar al niño que tiene la conducta agresiva”, dice Cataldi. “El niño tiene que desaprender la violencia, y para eso la escuela debe utilizar una pedagogía de la alteridad, enseñarle al niño que yo soy porque el otro es, poner el foco en la convivencia”.

Para ello, es necesario un enfoque que comprenda a los niños, los padres y la escuela. Según Sansalone, lo principal es la prevención. Las escuelas deben capacitarse, contar con un protocolo de actuación frente al acoso y establecer políticas antibullying. Además, debe haber un pacto entre padres, docentes y directivos. “Las instituciones deben reconocer lo que está pasando y hacerse responsables de investigar cuando reciben consultas, no ignorarlas”.

Ley con sanciones

En septiembre de 2013, la Cámara de Diputados promulgó la ley 26892, impulsada por la diputada Mara Brawer, que trata sobre la promoción de la convivencia y el abordaje de la conflictividad social en las instituciones educativas. Si bien no es una ley sobre acoso escolar específicamente, sí se tuvo en cuenta esta problemática a la hora del debate. Para Brawer, “apuntamos, desde un enfoque integral, a la reconstrucción del lazo social, al valor de la convivencia, a la participación en la vida escolar”.

A partir de la sanción de la nueva ley, que fue aprobada por unanimidad, “estos postulados deberán plasmarse en iniciativas concretas”, dice la diputada Brawer. Esto incluye la formación de los docentes, la elaboración de guías para la actuación y la creación de una línea telefónica gratuita para la atención de situaciones de violencia en las escuelas.

La ley también hace hincapié en el tipo de sanciones que deben aplicarse. Los expertos coinciden en que éstas deben tener un carácter de aprendizaje, no meramente punitivo. “Hay que dejar en claro qué tipos de conductas se permiten y cuáles no. La impunidad es terreno fértil para la violencia, por eso debe haber consecuencias claras ante conductas definidas”, dice Sansalone. Brawer enfatiza que “no debe haber silencio pedagógico frente al maltrato, la discriminación y el acoso. Es necesario fortalecer la tarea docente como camino para la participación de toda la comunidad”.

La televisión también se ha hecho eco del problema. La señal de cable Cartoon Network lanzó en Latinoamérica la campaña Basta de bullying, no te quedes callado, que entre otras iniciativas realizó una encuesta online que recibió más de 100 mil respuestas. Para 2014 planean talleres sobre bullying para estudiantes de 4° grado. El Consejo Publicitario Argentino y el EDNA se unieron en septiembre de 2013 para la campaña Si no hacés nada sos parte, una publicidad que incluye un rap compuesto por Emanero. Aliados, la ficción de Cris Morena también se sumó a la iniciativa del CPA e incorporó el bullying como tema en su guión, y desde su Web y redes sociales alienta el diálogo y la discusión con el hashtag #NoBullying. Cris Morena cuenta que incluyó este tema en el programa por “la angustia y el miedo que sufren niños, jóvenes y adultos en un mundo tan confuso que no mira al otro ni siente empatía por el dolor del otro”.

Muchos chicos que han sufrido bullying encontraron una manera de superar la experiencia en grupos de apoyo como AntiBullying Argentina, creado por Maximiliano Büsser, y No+ Bullying, que creó Cintia Acerbis por el acoso recibido en el colegio a causa de sus buenas notas. Un sábado Cintia convoca a un grupo de chicos de entre 14 y 21 años en el shopping Abasto. Uno por uno, pasan al frente y cuentan en voz alta sus experiencias; todos aplauden. A algunos se les escapa una lágrima al recordarlas, pero se los nota fuertes, con una actitud positiva. Para estos chicos, la unión y la amistad curan años de violencia.

Cyber bullying, enemigo silencioso

María Zysman insiste en que “los chicos no tienen conciencia de las consecuencias de lo que hacen en Internet. Para revertir esto hay que trabajar el concepto de huella digital: que sepan que todo lo que hacen online tiene un registro, que no es del todo anónimo y que ellos mismos se exponen. Hay que subrayar que lo que uno dice puede tener un efecto impensado en el otro, y animarlos a que traten al otro como les gustaría que los trataran a ellos; a que eviten la calumnia, la injuria y la mentira”.

Lo que no hay que hacer

Cada caso es distinto y por eso necesitará diferentes abordajes, pero los expertos coinciden en qué cosas no hay que hacer:

• Decirle al niño que se defienda pegando.
• Mediar entre los niños, obligar al acosado y al acosador a un careo.
• Poner al acosado a trabajar junto con su acosador, obligarlos a pedirse disculpas.
• Juntar a los hostigadores: sólo se consigue potenciarlos.
• Reunir a los padres del acosador y el acosado.
• Castigar al acosador con humillaciones o con la expulsión.

Fuente: Libres de bull ying y Equipo ABA.

Testimonios

Carolina, 19 años
Sufrí bullying toda la primaria. Me ponían apodos, me dejaban de lado, me escondían las cosas, me rompían las carpetas. Las chicas no pegaban, pero me tiraban del pelo, me encerraban en el baño, me ataban a un poste. Ahora quiero ayudar a los chicos que lo están padeciendo, que sientan que no están solos.

Romina, 14 años
Me burlaban porque era gordita. Cuando empezó Facebook hicieron grupos en mi contra, me sacaban fotos y las subían. Me robaban la comida y la tiraban, me dibujaban en el pizarrón y se reían. Estaba muy sola, había dejado de comer. Ahora que vengo a este grupo veo que hay gente que sufrió lo mismo que yo y eso me ayuda.

Cintia, 21 años
Como era buena alumna, me tenían bronca. Me pegaban codazos, me tiraban del pelo, me cargaban porque era gordita, se reían por cómo bailaba y porque no tenía ropa de marca. En las fiestas de quince me tiraban comida. Me sacaban fotos y filmaban videos y los subían a las redes sociales.

Santiago, 19 años
Fui a una escuela técnica. Era el extraño del grupo. Como tenía el pelo largo me lo cortaban, me lo quemaban. El director me prometía soluciones, pero me seguían tirando clavos, bollos de papel. No aguantaba más. Nunca me animé a pararme y a decir basta. Nunca reaccioné físicamente, no me gusta la violencia.

Natalia, 17 años
Durante cuatro años sufrí bullying. Me acosaban chicos de mi grado y los más grandes. No podía creer que tipos de 1,80 molestaran a una piba de 10 años. Los profesores me culparon a mí de no saber integrarme. Los chicos me insultaban, me menospreciaban. Para ellos era un ser que sólo ocupaba espacio, que no valía nada.

Juan, 20 años
Sufrí bullying hasta el último día de clases. A los quince años tuve un ataque de bronca, revoleé un pupitre. Empecé terapia y me ayudó a superarlo. En la primaria me burlaban por tener mejores notas; en la secundaria una chica se dedicó a hablar mal de mí y todos me hacían el vacío .

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NOTAS DEL DIARIO LA NACION | 14.02.14