Qué hacer, paso a paso

Se necesita un cambio de estrategia

A partir de un diagnóstico, el plan de acción debe incluir la utilización inteligente de distintos herbicidas que no sólo ataquen el problema sino que también frenen la aparición de nuevas malezas.
AMARANTHUS PALMIERI. En Estados Unidos presenta resistencia a casi todos los mecanismos de acción conocidos. En el sudoeste de Córdoba, por ahora, sólo a glifosato y a aquellas familias de herbicidas que actúan como inhibidores de la ALS. AMARANTHUS QUITENSIS. En el centro de Córdoba, la especie ya demostró resistencia a los herbicidas inhibidores de la ALS y en el último año también al glifosato.

La realidad indica que a pesar del aumento en el uso de herbicidas en los últimos cinco años, la problemática de las malezas se ha incrementado con la aparición de nuevos biotipos resistentes. Luis Eduardo Lanfranconi, de la Cátedra de Protección Vegetal de la Universidad Católica de Córdoba, sostiene que “la estrategia aplicada no ha dado los resultados que se esperaba. Por lo tanto, el camino a seguir es un cambio de estrategia y aquí, el rol de la prevención debe ocupar un lugar destacado”.

Todo empieza con la aparición de una planta resistente dentro del lote la que, ignorada por el productor, se trilla. “De hecho, la trilladora es la principal fuente de dispersión de las semillas por lo que los primeros síntomas de la invasión pueden verse en las cabeceras de los lotes”, sostiene el especialista.

En su opinión, hay que abordar el tema con una visión estratégica que comienza con el diagnóstico, que debe ser realizado en cada lote. El objetivo es relevar con exactitud la dimensión del problema, qué especies lo conforman, dónde está ubicado y qué magnitud tiene. Un ejemplo es el trabajo realizado por la Cátedra de Protección Vegetal de la Universidad Católica de Córdoba, en el norte de esa provincia, sobre 50.000 hectáreas. De allí surgió que el 11% de esa superficie se encuentra afectada por malezas resistentes. En su mayoría es sorgo de Alepo resistente a Glifosato (SARG) en niveles elevados. “Lo más relevante del estudio fue que el 43% de los lotes tenía presencia de malezas resistentes, y que -de no mediar ninguna acción al respecto- en un plazo breve todos los lotes tendrían el problema”, detalló Lanfranconi. Resultados similares arrojó el mismo trabajo realizado por los grupos CREA Norte de Córdoba en 2013, sobre una superficie de 110.000 hectáreas.

Al diagnóstico le sigue la etapa de planificación, orientada a las malezas presentes en el lote. Como información complementaria se debe disponer de un análisis de suelo (materia orgánica, textura, pH, CIC, etc.), precipitaciones (registros mensuales), temperaturas y vientos. A esta información hay que agregar la presencia, o no, de zonas habitadas aledañas que puedan condicionar la selección y aplicación de productos de uso agrícola. Con ese conjunto de datos se determina la selección del herbicida, solo o en mezclas, las dosis a utilizar, el cultivo que se realizará en el lote, la rotación más conveniente, la fecha de siembra, su densidad y espaciamiento, etc. “Si esta secuencia en la toma de decisiones resulta extraña –dice Lanfranconi-, es porque la estrategia determina que el foco debe estar puesto primero en el control de la maleza. En definitiva, si el problema es complejo, la maleza gobierna el sistema y las herramientas necesarias para su control deben ser ejecutadas a partir de su identificación”.

Un buen ejemplo de la tarea a realizar se encuentra en la planificación que hicieron los técnicos de la Cátedra de Protección Vegetal de la Universidad Católica de Córdoba para un establecimiento de Pozo del Molle, en esa provincia, indicando la estrategia de rotación en los mecanismos de acción de los herbicidas utilizados en un mismo lote. (Ver cuadro, donde cada color identifica a un mecanismo de acción diferente).

tabla

Luis Eduardo Lanfranconi, Cátedra de Protección Vegetal de la Universidad Católica de Córdoba.
“La repetición de un mismo herbicida o un grupo de herbicidas con el mismo mecanismo de acción genera una gran presión de selección y con ello una mayor probabilidad de aparición de biotipos resistentes”.

Según el especialista cordobés, para efectivizar la aplicación puede ser necesario recurrir a una mezcla de herbicidas que apunte a reducir la frecuencia de aparición de biotipos resistentes. “La repetición de un mismo herbicida o un grupo de herbicidas con el mismo mecanismo de acción genera una gran presión de selección y con ello una mayor probabilidad de aparición de biotipos resistentes”, indica Lanfranconi. Un ejemplo es el comportamiento del Bledo (Amaranthus palmieri) en la zona agrícola de Estados Unidos, que ya presenta resistencia a casi todos los mecanismos de acción conocidos. Mientras tanto, en el sudoeste de Córdoba, esa especie presenta resistencia, por ahora, a glifosato y a aquellas familias de herbicidas que actúan como inhibidores de la ALS. Por tal motivo, se recomienda, para su control, la combinación de dos o más herbicidas con diferente mecanismo de acción y utilizados en forma simultánea. El técnico indicó que esa misma recomendación es válida para el control del yuyo colorado (Amaranthus quitensis) en la zona centro de la provincia, donde la especie ya demostró resistencia a los herbicidas inhibidores de la ALS y en el último año también al glifosato.

“En los últimos cuarenta años –puntualizó Lanfranconi-, los herbicidas han ocupado un lugar destacado en el control de las malezas y son, en la actualidad, una de las herramientas fundamentales para llevar adelante la producción agrícola bajo un sistema de siembra directa. El diagnóstico, la planificación, la prevención, la alternancia de mecanismos de acción, la rotación de cultivos y el uso de cultivos de cobertura, conforman, en su conjunto, lo que se denomina manejo integrado de las malezas. Su aplicación no evitará la aparición de nuevos biotipos resistentes pero sí reducirá la velocidad en que los mismos suceden”.

Las etapas de la lucha

El diagnóstico. “Hay que relevar con exactitud la dimensión del problema, qué especies lo conforman, dónde está ubicado y qué magnitud tiene”.

La planificación. “El foco debe estar puesto primero en el control de la maleza”.

Uso de las herramientas. “Se debe recurrir a la alternancia de mecanismos de acción en los herbicidas, a la rotación de cultivos y el uso de cultivos de cobertura” .