Cultivos de Cobertura

En el campo se ven los resultados

Un grupo de productores entrerrianos, de la Regional Aapresid de Paraná, mostró los resultados obtenidos en distintos lotes y con diferentes especies utilizadas como cultivos de cobertura para el control de malezas. El saldo es positivo y aseguran que, con la adaptación a cada zona, el sistema es extrapolable a la mayoría de los campos de producción agrícola del país.
LEGUMINOSAS. En todos los ensayos realizados por la Regional Paraná de Aapresid fueron incluidas especies de esta familia. En este caso un cultivo de cobertura de trébol rojo.

La siembra de cultivos de cobertura durante el período de barbecho es otra de las estrategias utilizadas para el control de malezas, que también se puede combinar con el control químico y el mecánico. Se trata de especies con capacidad para cubrir rápidamente el suelo y que por competencia colaboran a combatir las malezas. Además, aportan residuos que mejoran el balance de carbono orgánico del suelo y actúan como reguladores de la humedad del suelo.

Miembros del grupo regional Paraná de Aapresid realizaron ensayos en distintos lotes de 5 establecimientos ubicados en la zona centro y centro-este de la provincia de Entre Ríos, en los Departamentos Paraná y Villaguay. Daniel Volpe fue, entre 2009 y 2012, el asesor técnico de ese grupo y actualmente es el vicepresidente. “La idea de los ensayos surgió luego de analizar con técnicos de la Experimental Paraná del INTA la cantidad de recursos (agua, nutrientes, luz, superficie, etc.) que se encontraban disponibles y subutilizados durante el invierno y la primera parte de la primavera para la producción y, por el contrario, eran hábilmente utilizados por la malezas”, explica Volpe.

El técnico señala que la fuerte intervención ambiental que implica mantener a un lote libre de especies vegetales vivas durante el período de barbecho, de 4 a 6 meses, principalmente cuando esto se realiza con herbicidas como único elemento y de manera reiterada a través de los años, puede redundar en una modificación en el espectro y la cantidad de malezas presentes en los lotes, fomentando la aparición de especies con mejor adaptación y posibilidad de subsistencia.

Los ensayos en la Regional Paraná de AAPRESID se propusieron evaluar distintas formas para mejorar la sustentabilidad y reducir la incidencia de malezas en los sistemas agrícolas. En este marco evaluaron la producción de materia seca de los cultivos de cobertura, el consumo de agua del perfil, el aporte de nitrógeno ambiental -en todos los casos utilizaron leguminosas, puras o consociadas, con capacidad de aporte de nitrógeno por fijación simbiótica-, y el rendimiento del cultivo posterior. Estos ensayos fueron planificados como antecesores de maíz tardío o sorgo, ya que no son compatibles con maíz temprano por la fecha en que finaliza el cultivo de cobertura, y se realizaron con la tecnología que actualmente dispone el productor con la finalidad de poder extrapolar los resultados a todos los campos de la zona. Las especies utilizadas en los cultivos de cobertura fueron Vicia villosa, Melilotus, trébol rojo, trébol rojo + trigo y Vicia sativa.

VOLUMEN. El cultivo de trébol rojo más trigo, como cobertura, logró impedir el avance de las malezas.
VICIA. Otro de los cultivos usados como cobertura. Todos con alta producción de materia seca, de 6300 a 9600 kg/ha.

FIJACIÓN BIOLÓGICA. Las leguminosas utilizadas como cultivo de cobertura (en la foto Melilotus) realizaron aportes de nitrógeno de 145 a 255 kg/ha.
DANIEL VOLPE. Ex asesor técnico y actual vicepresidente del grupo Regional Paraná de Aapresid, en un lote con vicia utilizada como cobertura.

SAN ANTONIO. Uno de los 5 establecimientos en los que se realizaron los ensayos. En este caso un Melilotus usado como cobertura en 2010.
SORGO. Con cultivo de cobertura como antecesor los rindes subieron entre 400 y 1000 kg/ha. También se registraron mayores producciones en lotes sembrados con maíz tardío.

Resultados de una experiencia que rinde

Los resultados obtenidos fueron considerados muy promisorios, arrojando valores de producción que en la mayoría de los lotes oscilaron entre 6300 y 9600 kg/ha de materia seca, utilizando fechas de siembra –abril y mayo- totalmente practicables dado que son posteriores a la cosecha de los cultivos de verano.

Esos niveles de producción se correspondieron con consumos de agua del perfil del suelo que no resultaron significativos en ninguno de los casos, los cuales oscilaron entre 7% y 18% del agua total almacenada hasta los 80 cm de profundidad. Se considera que esos valores son fácilmente recuperables con las lluvias de primavera de esa región, principalmente si se considera el aporte que realiza la cobertura a la mejora en el proceso de infiltración del agua de lluvia en los suelos vertisólicos. Por otro lado estos resultados mostraron concordancia con el rendimiento de la gramínea posterior (sorgo), los cuales fueron entre 400 y 1000 kg/ha superiores en los tratamientos con cultivos de cobertura versus los sectores que permanecieron en barbecho invernal.

La finalización de los cultivos de cobertura fue realizada entre mediados de octubre y principios de noviembre, buscando garantizar la plena floración de las leguminosas presentes y así magnificar el proceso de fijación biológica de nitrógeno. En todos los casos el mecanismo utilizado fue mediante aplicación de herbicidas. Con respecto al aporte de nitrógeno que realizaron las leguminosas vía fijación biológica fue de 145 a 255 kg/ha, que equivalen a inversiones muy importantes si se los quisiera incorporar a través de fertilizantes y que equiparan al costo que representa la realización de un cultivo de cobertura.

El manejo de las malezas en el cultivo de cobertura se basó en la aplicación de herbicidas previo a la siembra, o sin ningún tipo de intervención en aquellos lotes que mostraban un menor banco de semillas y por lo tanto menor nacimiento de malezas. “En este aspecto –explica Volpe-, la mejor estrategia dependerá del lote en cuestión y el tipo de maleza a combatir, en cuanto a su época de nacimiento, velocidad de crecimiento inicial, capacidad competitiva, entre otras características, ya que las opciones disponibles para utilizar como cultivo de cobertura se diferencian significativamente entre sí en lo que respecta a fecha de siembra, eficiencia en el logro de los stands de plantas, velocidad de implantación, capacidad competitiva y momento de mayor aporte de la materia seca”.

El objetivo de los cultivos de cobertura es imposibilitar el nacimiento de las malezas o reducir su proliferación por competencia debido a una mayor tasa de crecimiento. En los ensayos citados no se constató presencia de malezas al momento de finalizar los cultivos de cobertura, por lo tanto quedó demostrada la viabilidad de la técnica en ese sentido. La mayoría de las especies utilizadas como cultivo de cobertura generaron aportes elevados de materia seca en septiembre/octubre, mientras que hasta esa época no presentaban crecimientos muy elevados. “Este cambio sustancial en la tasa de crecimiento entre el invierno y la primavera temprana demanda estar atentos respecto del momento y el mecanismo para la finalización de los cultivos de cobertura –explica Volpe-. Atrasarse en la fecha de `quemado`, implica mayores volúmenes de materia seca y un menor tiempo hasta la siembra de los cultivos de verano, que podría complicarse si la descomposición de estos rastrojos no ha sido lo suficientemente importante como para permitir un correcto tránsito y/o trabajo de los órganos de siembra”.

Otro aspecto que se considera prioritario es la eficiencia con la que se realiza la finalización del cultivo de cobertura. Al respecto, la experiencias de estos ensayos muestra que las intervenciones mecánicas –vía rolo o desmalezadora/segadora-, fundamentalmente en cultivos leguminosos de buen porte y que hayan alcanzado un alto grado de lignificación en sus tallos y otros órganos de sostén, puede generar un efecto de mayor contundencia respecto del `quemado` logrado con herbicidas y un menor tamaño de los residuos, redundando ambos aspectos en una mayor rapidez de descomposición y en una mejor tarea de siembra para el cultivo de verano.

“Sin embargo, estos factores deben evaluarse para cada caso puntual en función de las especies utilizadas, grado de lignificación, relación carbono/nitrógeno, temperaturas, régimen hídrico y tipo de suelos, entre otros aspectos, por lo cual resulta imposible dar un plazo estimado como receta”, dice Volpe.

“Estos resultados nos motivan para continuar en esta línea de investigación –concluyó Volpe-. Por lo tanto, dentro del grupo Regional Paraná de Aapresid hemos decidido continuar realizando ensayos durante el próximo invierno. El objetivo es que cada productor pueda determinar cuál es el conjunto de herramientas de manejo de los cultivos de cobertura que mejor se adapta a su situación”..